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TEORÍA DE MARC FABER

2011 octubre 16
by marianopiergallini

Curiosa teoría económica que se ha anunciado en Estados Unidos.El tipo se llama Marc Faber. Es analista de inversiones y empresario.

En junio de 2008,cuando el Gobierno ya estudiaba lanzar un proyecto de ayuda a la economía americana, Marc Faber escribía en su boletín mensual un comentario con mucho humor: El Gobierno Federal está estudiando conceder a cada uno de nosotros una suma de U$600.

Capitan America

  • Si gastamos ese dinero en Walt-Mart, ese dinero va para China.
  • Si gastamos el dinero en gasolina, va para los árabes.
  • Si compramos una computadora el dinero va para la India.
  • Si compramos frutas, México, Honduras o Guatemala.
  • Si compramos un buen coche, el dinero irá para Alemania o Japón.
  • Si compramos tonterías, se va para Taiwan.
  • Si nos drogamos el dinero va para Bolivia, Colombia o la India y ningún centavo de ese dinero ayudará a la economía americana.

El único medio de mantener ese dinero en USA es gastándolo con prostitutas o cervezas, considerando que son los únicos bienes todavía producidos aquí. Yo, estoy haciendo mi parte…

Respuesta de un economista argentino igualmente de buen humor: Estimado Marc: Realmente la situación de los Norteamericanos es cada vez peor.

Y lamento informarle que la Budweiser fue recientemente comprada por la brasileira AmBev. Por lo tanto, le quedan solamente las putas.

Ahora, si ellas (las putas), decidieran mandar su dinero a sus hijos, el mismo vendría directamente hacia El CONGRESO DE ARGENTINA,
donde existe la mayor concentración de hijos de puta del mundo”.

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Google Opt Out

2010 diciembre 9
by marianopiergallini

Es fundamental que las empresas que se ganan la vida mostrándonos publicidad nos den la posibilidad “desmarcarnos” para que dejen de juntar información acerca de nuestros gustos y hábitos para poder mostranos banners que concuerden con nuestro perfil.

La idea es que pensemos que nos hacen un favor ya que sabiendo nuestros gustos evitan mostrarnos publicidades que no nos interesan, pero la otra forma de verlo es que estas grandes empresas conocen de nosotros mucho más de lo que nos imaginamos y vaya a saber dios que pueden hacer con toda esa data.

La buena noticia es que de manera sencilla podemos hacer el famoso Opt Out.

A continuación las dos maneras que conozco hasta el momento de hacerlo :

Vos cual preferis ?

Fuente : Uberbin

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Google Habría Comprado Groupon

2010 noviembre 29
by marianopiergallini

El gran rumor de esta mañana dice que Google compró Groupon, la cadena de sitios de cupones descuento que ha sido sensación este año en diferentes partes del mundo.

Según “fuentes cercanas a la operación” – anónimas por supuesto – el gigante de Mountain View habría pagado US$2.500 millones por Groupon, de acuerdo a lo que informa VatorNews.
La adquisición no ha sido confirmada por ninguna de las partes.Groupon

Yahoo había intentado comprar Groupon hace algunos meses, pero sus negociaciones fracasaron. Groupon se ha convertido en un sitio de gran éxito desde su lanzamiento en noviembre de 2008, avaluado en US$1.000 millones a la fecha. Según los reportes, el sitio tiene ingresos por más de US$50 millones al mes – lo que explica por qué aparecen clones de la idea todos los días.

Si la adquisición resulta ser cierta, Google podría tener planes para fusionarla por ejemplo con su directorio de lugares, Google Places. Google no ha dicho nada respecto de esto, pero se espera que alguna declaración aparezca dentro de poco confirmando – o desmintiendo – el rumor.

Fuente : FayerWayer

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Policía Intuitivo

2010 noviembre 25
by marianopiergallini

Cualquiera diría que este policía es de la bonaerense

Get the Flash Player to see the wordTube Media Player.
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Ojo con los botes

2010 noviembre 23
by marianopiergallini

Si sos medio boludo este video te muestra que deberías alejarte de los botes

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Maradona como metáfora argentina

2010 octubre 8
by marianopiergallini

Durisima nota, pero creo que bastante real acerca de nuestra sociedad y el “Efecto el Diez”.

Argento hasta la medula ;-)


Maradona como metáfora argentina

¿Hay alguna relación entre el futbolista y el peronismo? Sí, cuando se eligen entrenadores, presidentes o sistemas de características populistas, autoritarias y con pocos pies sobre la tierra, el resultado es el fracaso.

Se dice con frecuencia que la solución a los problemas de la África subsahariana es la educación; que los recursos naturales abundan y si solo se pudiera proporcionar un buen nivel educativo a la gente el continente despegaría. No necesariamente. Miren el caso de Argentina. Todos los recursos naturales que quieran, una bajísima densidad de población y, a lo largo de la mayor parte del siglo XX, índices escolares que no han tenido nada que envidiar a Europa occidental. Pero hoy, en un país que hace 100 años era uno de los 10 más ricos del mundo, la tercera parte de los recién nacidos están condenados a crecer en la pobreza, si es que logran crecer. Ocho niños menores de cinco años mueren al día debido a la desnutrición en un país que debería ser, como hace tiempo fue, el granero del mundo. Semejante aberración florece en un contexto político en el que a lo largo de más de medio siglo juntas militares han alternado el poder con Gobiernos populistas, corruptos o incompetentes. El actual Gobierno peronista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (como el anterior, de su marido Néstor Kirchner) es más afín al de Hugo Chávez en Venezuela o al de Daniel Ortega en Nicaragua que a los Gobiernos pragmáticos y serios de Brasil, Chile o el vecino Uruguay donde, por cierto, hoy se consume más carne per cápita que en Argentina. ¿Dónde ha quedado la famosa Justicia Social proclamada hasta el cansancio por el peronismo que ha gobernado la mayor parte del período democrático instaurado en 1983? ¿Cuál es el problema?.

El problema es Diego Maradona. O, para ser más precisos, lo encarna, como símbolo, Maradona, el “Diez”, “el Dios Argentino”, el ídolo nacional por goleada. La idolatría a los líderes redentores, el culto a la viveza y (su hermano gemelo) el desprecio por la ética del trabajo, el narcisismo, la fe en las soluciones mágicas, el impulso a exculparse achacando los males a otros, el fantochismo son características que no definen a todos los argentinos, pero que Maradona representa en caricatura payasesca y que la mayoría de la población, aquella misma incapaz de perder la fe en el peronismo, aplaude no con risas sino con perversa seriedad. El punto de partida es la negación de la realidad. Este es el terreno en el que opera Maradona y en el que su legión de devotos se adentra -como por ejemplo los 20.000 que fueron al aeropuerto de Ezeiza para darle las gracias tras la desastrosa actuación en el Mundial de Sudáfrica- para adorarle.

Esos mismos que disfrutaban como locos con las grotescas actitudes y dichos del ídolo -”¡que la chupen!”- fueron en manada a vitorearlo al llegar a Buenos Aires después de la goleada de 4-0 que Alemania le propinó, expulsando a su selección del Mundial. Presos de la nostalgia, no olvidan nunca que “ÉL” hizo el famoso gol con la “mano de Dios”; o sea que su mano y la mano de Dios son la misma mano. “EL” es uno con “DIOS”. La manada entonces, mientras grita para adentro, “¡Si estamos unidos a Dios Maradona compartiremos toda su gloria!”, grita para afuera: Maradooooooona, Maradooooooona. Y no olvidemos el dicho nacional, al mismo tiempo jocoso y lleno de convicción, “¡Dios es argentino!”.

Diego Maradona fue un monumental jugador de fútbol. Pero la fama justificada no da títulos, ni derechos, ni conocimientos para opinar con absoluta certeza acerca de casi todo y al mismo tiempo desautorizar a todo aquel que no esté de acuerdo con sus ideas. En Argentina, mientras avergonzaba a algunos, hacía gritar de entusiasmo a muchos más. Creían, orgullosos, que unidos al ” ídolo” todo el mundo “se la chupaba”. En realidad el que se ha chupado todo, desde alcohol hasta cocaína, ha sido Maradona. Nadie lo acusa ni lo maltrata por su triste enfermedad. Solo se trata de señalar su soberbia desconsiderada, de carácter profundamente narcisista, base de sus penosas afecciones del alma, metáfora de la patología crónica de un país.

Hace 15 días Maradona dio su primera entrevista desde la debacle de Sudáfrica. El ex director técnico de la selección argentina, al que se le oyó diciendo minutos antes de aquel partido que su equipo iba a dar una lección de fútbol a los alemanes, no ofreció ni análisis, ni explicación por la derrota, salvo decir que el portero alemán estuvo “muy seguro” y después del 2-0 “nos vinimos abajo”. Con un poco de suerte (la magia de la suerte lo abandonó, ¿el otro Dios estaba en su contra?) el partido se hubiera ganado. Culpa por el desastre no aceptó ninguna.

En cuanto a la victoria argentina 4-1 el mes pasado contra el campeón del mundo, España, bajo el mando de un nuevo seleccionador, confesó que prefirió no ver el partido. Claro. Porque ver aquel partido hubiera significado chocarse con la realidad y arriesgar salir del autoengaño enfermizo que le permitió afirmar en la misma entrevista que -avalado por el ex presidente Néstor Kirchner, que en una reunión la semana pasada le “felicitó” por el Mundial- él seguía siendo el candidato idóneo para dirigir la selección. “Daría la vida”, dijo, “daría un brazo” por recuperar el puesto.

El fracaso de Maradona en el Mundial fue el espejo del fracaso de Argentina como país. Por un lado, una falta de rigor y humildad en la planificación; por otro, un derroche de los recursos disponibles. Talento sobraba, salvo que por amiguismo, ceguera, populismo patriotero o sencilla idiotez Maradona decidió no convocar a la mitad de los mejores; no solo no explotó los recursos que tenía, no los quiso ni ver. El nuevo seleccionador, Sergio Batista, puso en el campo contra España a cuatro jugadores básicos que Maradona ni siquiera había convocado para Sudáfrica y lo que se vio fue un equipo sólido que hubiera sabido competir contra Alemania, como contra cualquiera en el Mundial. Es decir, el sentido común existe en Argentina; solo que demasiadas veces, obliterado por la luz maradoniana, brilla por su ausencia.

En el sistema maradoniano solamente brilla la ilusión. Dentro de este sistema de pensamiento las cosas terminan no teniendo ni pies ni cabeza. Resultado: fracaso en la vida y arrastrando en el fracaso, en este caso, a la selección argentina, pero también se puede arrastrar a toda una nación. Recorriendo la historia del siglo XX sabemos la potencia destructiva de la ilusión cuando no es contrabalanceada por la realidad terrenal, nunca tan agradable ella como los espejismos de la ficción.

Cuando llevados por la fantasía se eligen directores técnicos o presidentes o sistemas de características populistas, autoritarios y antidemocráticos, con pocos pies sobre la tierra, el resultado inevitable es el fracaso. Un director técnico que no tiene ni ha tenido capacidad para manejar su vida, que además no es director técnico (por preparación) y por lo tanto al titularse así toma las características de un impostor, tuvo como resultado el descalabro de la selección argentina. Puede ocurrir nuevamente algo similar con la Argentina misma si los directores técnicos, léase la pareja que lleva siete años en el poder, siguen el camino compulsivamente repetitivo de la tergiversación permanente de la realidad. El endiosamiento de seres Ídolos-Dioses a los que no se debe criticar, como a Perón, Evita, Maradona, Cristina Fernández o Néstor Kirchner, intocables seres sin errores, lleva al fracaso reiterativo y doloroso que arrastra a millones de argentinos al sufrimiento. El granero del mundo se va convirtiendo en un país lleno además de granos de pústulas creadas por el sistema: fracaso, pobreza, desnutrición, inseguridad, criminalidad, destrucción de las instituciones, ataque permanente a la prensa opositora, ataque a la ley, destrucción de la educación (eso también) y llegamos entonces a que la fantasía de ser un pueblo “protegido” por los Dioses cae en una triste y ridícula realidad.

Las sociedades propensas a alimentar estas ilusiones, caen en la seducción hipnótica de líderes de estas características. Son sociedades cerradas, como dice Karl Popper, con un fuerte carácter autoritario, convicciones inamovibles y preponderancia al pensamiento mágico. En estos casos el horizonte de expectativas está absolutamente distorsionado por las ilusiones y las consecuencias se traducen en un sinnúmero de fracasos compulsivamente repetitivos. Decía Albert Einstein que la locura era repetir lo mismo una y otra vez, esperando diferentes resultados. Eso es lo que propone Maradona al reafirmar su derecho a dirigir la selección de fútbol. Al apoyar su estrambótica candidatura, los Kirchner, eso sí, están siendo consecuentes. Ellos también piden, pese al fracaso mundialista de su gestión, como el de los regímenes peronistas que los precedieron, que se prolongue su dinastía en las elecciones generales del año que viene. Es probable que lo consigan. Sería la victoria del pensamiento mágico maradoniano, sobre el que el sol de la bandera argentina nunca se pone.

Se dice con frecuencia que la solución a los problemas de la África subsahariana es la educación; que los recursos naturales abundan y si solo se pudiera proporcionar un buen nivel educativo a la gente el continente despegaría. No necesariamente. Miren el caso de Argentina. Todos los recursos naturales que quieran, una bajísima densidad de población y, a lo largo de la mayor parte del siglo XX, índices escolares que no han tenido nada que envidiar a Europa occidental. Pero hoy, en un país que hace 100 años era uno de los 10 más ricos del mundo, la tercera parte de los recién nacidos están condenados a crecer en la pobreza, si es que logran crecer. Ocho niños menores de cinco años mueren al día debido a la desnutrición en un país que debería ser, como hace tiempo fue, el granero del mundo. Semejante aberración florece en un contexto político en el que a lo largo de más de medio siglo juntas militares han alternado el poder con Gobiernos populistas, corruptos o incompetentes. El actual Gobierno peronista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (como el anterior, de su marido Néstor Kirchner) es más afín al de Hugo Chávez en Venezuela o al de Daniel Ortega en Nicaragua que a los Gobiernos pragmáticos y serios de Brasil, Chile o el vecino Uruguay donde, por cierto, hoy se consume más carne per cápita que en Argentina. ¿Dónde ha quedado la famosa Justicia Social proclamada hasta el cansancio por el peronismo que ha gobernado la mayor parte del período democrático instaurado en 1983? ¿Cuál es el problema?.El problema es Diego Maradona. O, para ser más precisos, lo encarna, como símbolo, Maradona, el “Diez”, “el Dios Argentino”, el ídolo nacional por goleada. La idolatría a los líderes redentores, el culto a la viveza y (su hermano gemelo) el desprecio por la ética del trabajo, el narcisismo, la fe en las soluciones mágicas, el impulso a exculparse achacando los males a otros, el fantochismo son características que no definen a todos los argentinos, pero que Maradona representa en caricatura payasesca y que la mayoría de la población, aquella misma incapaz de perder la fe en el peronismo, aplaude no con risas sino con perversa seriedad. El punto de partida es la negación de la realidad. Este es el terreno en el que opera Maradona y en el que su legión de devotos se adentra -como por ejemplo los 20.000 que fueron al aeropuerto de Ezeiza para darle las gracias tras la desastrosa actuación en el Mundial de Sudáfrica- para adorarle.

Esos mismos que disfrutaban como locos con las grotescas actitudes y dichos del ídolo -”¡que la chupen!”- fueron en manada a vitorearlo al llegar a Buenos Aires después de la goleada de 4-0 que Alemania le propinó, expulsando a su selección del Mundial. Presos de la nostalgia, no olvidan nunca que “ÉL” hizo el famoso gol con la “mano de Dios”; o sea que su mano y la mano de Dios son la misma mano. “EL” es uno con “DIOS”. La manada entonces, mientras grita para adentro, “¡Si estamos unidos a Dios Maradona compartiremos toda su gloria!”, grita para afuera: Maradooooooona, Maradooooooona. Y no olvidemos el dicho nacional, al mismo tiempo jocoso y lleno de convicción, “¡Dios es argentino!”.

Diego Maradona fue un monumental jugador de fútbol. Pero la fama justificada no da títulos, ni derechos, ni conocimientos para opinar con absoluta certeza acerca de casi todo y al mismo tiempo desautorizar a todo aquel que no esté de acuerdo con sus ideas. En Argentina, mientras avergonzaba a algunos, hacía gritar de entusiasmo a muchos más. Creían, orgullosos, que unidos al ” ídolo” todo el mundo “se la chupaba”. En realidad el que se ha chupado todo, desde alcohol hasta cocaína, ha sido Maradona. Nadie lo acusa ni lo maltrata por su triste enfermedad. Solo se trata de señalar su soberbia desconsiderada, de carácter profundamente narcisista, base de sus penosas afecciones del alma, metáfora de la patología crónica de un país.

Hace 15 días Maradona dio su primera entrevista desde la debacle de Sudáfrica. El ex director técnico de la selección argentina, al que se le oyó diciendo minutos antes de aquel partido que su equipo iba a dar una lección de fútbol a los alemanes, no ofreció ni análisis, ni explicación por la derrota, salvo decir que el portero alemán estuvo “muy seguro” y después del 2-0 “nos vinimos abajo”. Con un poco de suerte (la magia de la suerte lo abandonó, ¿el otro Dios estaba en su contra?) el partido se hubiera ganado. Culpa por el desastre no aceptó ninguna.

En cuanto a la victoria argentina 4-1 el mes pasado contra el campeón del mundo, España, bajo el mando de un nuevo seleccionador, confesó que prefirió no ver el partido. Claro. Porque ver aquel partido hubiera significado chocarse con la realidad y arriesgar salir del autoengaño enfermizo que le permitió afirmar en la misma entrevista que -avalado por el ex presidente Néstor Kirchner, que en una reunión la semana pasada le “felicitó” por el Mundial- él seguía siendo el candidato idóneo para dirigir la selección. “Daría la vida”, dijo, “daría un brazo” por recuperar el puesto.

El fracaso de Maradona en el Mundial fue el espejo del fracaso de Argentina como país. Por un lado, una falta de rigor y humildad en la planificación; por otro, un derroche de los recursos disponibles. Talento sobraba, salvo que por amiguismo, ceguera, populismo patriotero o sencilla idiotez Maradona decidió no convocar a la mitad de los mejores; no solo no explotó los recursos que tenía, no los quiso ni ver. El nuevo seleccionador, Sergio Batista, puso en el campo contra España a cuatro jugadores básicos que Maradona ni siquiera había convocado para Sudáfrica y lo que se vio fue un equipo sólido que hubiera sabido competir contra Alemania, como contra cualquiera en el Mundial. Es decir, el sentido común existe en Argentina; solo que demasiadas veces, obliterado por la luz maradoniana, brilla por su ausencia.

En el sistema maradoniano solamente brilla la ilusión. Dentro de este sistema de pensamiento las cosas terminan no teniendo ni pies ni cabeza. Resultado: fracaso en la vida y arrastrando en el fracaso, en este caso, a la selección argentina, pero también se puede arrastrar a toda una nación. Recorriendo la historia del siglo XX sabemos la potencia destructiva de la ilusión cuando no es contrabalanceada por la realidad terrenal, nunca tan agradable ella como los espejismos de la ficción.

Cuando llevados por la fantasía se eligen directores técnicos o presidentes o sistemas de características populistas, autoritarios y antidemocráticos, con pocos pies sobre la tierra, el resultado inevitable es el fracaso. Un director técnico que no tiene ni ha tenido capacidad para manejar su vida, que además no es director técnico (por preparación) y por lo tanto al titularse así toma las características de un impostor, tuvo como resultado el descalabro de la selección argentina. Puede ocurrir nuevamente algo similar con la Argentina misma si los directores técnicos, léase la pareja que lleva siete años en el poder, siguen el camino compulsivamente repetitivo de la tergiversación permanente de la realidad. El endiosamiento de seres Ídolos-Dioses a los que no se debe criticar, como a Perón, Evita, Maradona, Cristina Fernández o Néstor Kirchner, intocables seres sin errores, lleva al fracaso reiterativo y doloroso que arrastra a millones de argentinos al sufrimiento. El granero del mundo se va convirtiendo en un país lleno además de granos de pústulas creadas por el sistema: fracaso, pobreza, desnutrición, inseguridad, criminalidad, destrucción de las instituciones, ataque permanente a la prensa opositora, ataque a la ley, destrucción de la educación (eso también) y llegamos entonces a que la fantasía de ser un pueblo “protegido” por los Dioses cae en una triste y ridícula realidad.

Las sociedades propensas a alimentar estas ilusiones, caen en la seducción hipnótica de líderes de estas características. Son sociedades cerradas, como dice Karl Popper, con un fuerte carácter autoritario, convicciones inamovibles y preponderancia al pensamiento mágico. En estos casos el horizonte de expectativas está absolutamente distorsionado por las ilusiones y las consecuencias se traducen en un sinnúmero de fracasos compulsivamente repetitivos. Decía Albert Einstein que la locura era repetir lo mismo una y otra vez, esperando diferentes resultados. Eso es lo que propone Maradona al reafirmar su derecho a dirigir la selección de fútbol. Al apoyar su estrambótica candidatura, los Kirchner, eso sí, están siendo consecuentes. Ellos también piden, pese al fracaso mundialista de su gestión, como el de los regímenes peronistas que los precedieron, que se prolongue su dinastía en las elecciones generales del año que viene. Es probable que lo consigan. Sería la victoria del pensamiento mágico maradoniano, sobre el que el sol de la bandera argentina nunca se pone.

Fuente : ElPais.com

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La ruta del iPad: por qué en la Argentina hay que pagarlo hasta $2.000 más caro

2010 septiembre 23
by marianopiergallini

La llegada del nuevo “chiche” tecnológico puso al desnudo la compleja maraña de impuestos que castiga el bolsillo de los argentinos. Sobre 14 países en los que desembarcó, la Argentina se ubica segunda en el podio de los más caros. Esta realidad se extiende a notebooks y netbooks. Ranking de precios.

Precios del Ipad

El esperado desembarco del iPad en la Argentina, uno de los “chiches” nuevos de Apple, disparó la atención de todos aquellos asiduos compradores de productos electrónicos y de los consumidores pendientes de las últimas tendencias hi-tech.

Sin embargo, cuando la innovadora computadora en formato “tablet” de la marca de la manzanita finalmente se puso a la venta en el mercado doméstico, surgió una pregunta inevitable: ¿por qué los argentinos deben pagar por este producto hasta $2.000 más que si lo compraran en una ciudad como Miami?

En este contexto, cada vez que una novedad informática irrumpe en el mercado, los consumidores locales tienden a aplicar la lógica del “índice Big Mac”.

En efecto, así como en el mundo de la economía se popularizó este indicador para conocer cuán apreciada o devaluada está una moneda respecto del dólar, iProfesional.com apeló a la elaboración de un “índice iPad”, para conocer cuánto más -y por qué- deberán pagar los argentinos por un producto tecnológico que es el mismo que se vende en las principales ciudades del mundo.

Y el resultado del relevamiento arrojó datos sorprendentes. En efecto, al trazar una comparación, la realidad indica que la Argentina está entre los países más caros, producto de una maraña de impuestos y restricciones que finalmente no hacen más que castigar el bolsillo de los consumidores locales.

En buen romance, sobre un listado de 14 países de América, Europa y Oceanía, la Argentina ocupa el segundo lugar entre los más costosos a la hora de adquirir el preciado dispositivo de Apple.

Si se considera la tablet de 64 GB con WiFi y 3G, se observa que en el mercado doméstico la misma se comercializa a u$s1.385. Como contrapartida, en las antípodas del relevamiento se ubican los Estados Unidos, donde el mismo producto, impuestos incluidos, ronda los 890 dólares.

Esto implica que en el mercado doméstico hay que desembolsar un 55% más que en el país del norte. Y la brecha se amplía hasta el 60% para el caso de los dispositivos de 16 GB.

El “Índice iPad” arroja otros datos sumamente interesantes: el consumidor debe abonar hasta casi un 30% más en la Argentina que cruzando la Cordillera para comprarlo en Chile. Así, en el caso de que se decidiera por la unidad más cara, en la capital del país trasandino se ahorraría unos 285 dólares.

La siguiente infografía muestra a las claras el relevamiento, que ubica al mercado doméstico como el segundo más caro, solamente superado por Brasil:

El esperado desembarco del iPad en la Argentina, uno de los “chiches” nuevos de Apple, disparó la atención de todos aquellos asiduos compradores de productos electrónicos y de los consumidores pendientes de las últimas tendencias hi-tech.

Sin embargo, cuando la innovadora computadora en formato “tablet” de la marca de la manzanita finalmente se puso a la venta en el mercado doméstico, surgió una pregunta inevitable: ¿por qué los argentinos deben pagar por este producto hasta $2.000 más que si lo compraran en una ciudad como Miami?

En este contexto, cada vez que una novedad informática irrumpe en el mercado, los consumidores locales tienden a aplicar la lógica del “índice Big Mac”.

En efecto, así como en el mundo de la economía se popularizó este indicador para conocer cuán apreciada o devaluada está una moneda respecto del dólar, iProfesional.com apeló a la elaboración de un “índice iPad”, para conocer cuánto más -y por qué- deberán pagar los argentinos por un producto tecnológico que es el mismo que se vende en las principales ciudades del mundo.

Y el resultado del relevamiento arrojó datos sorprendentes. En efecto, al trazar una comparación, la realidad indica que la Argentina está entre los países más caros, producto de una maraña de impuestos y restricciones que finalmente no hacen más que castigar el bolsillo de los consumidores locales.

En buen romance, sobre un listado de 14 países de América, Europa y Oceanía, la Argentina ocupa el segundo lugar entre los más costosos a la hora de adquirir el preciado dispositivo de Apple.

Si se considera la tablet de 64 GB con WiFi y 3G, se observa que en el mercado doméstico la misma se comercializa a u$s1.385. Como contrapartida, en las antípodas del relevamiento se ubican los Estados Unidos, donde el mismo producto, impuestos incluidos, ronda los 890 dólares.

Esto implica que en el mercado doméstico hay que desembolsar un 55% más que en el país del norte. Y la brecha se amplía hasta el 60% para el caso de los dispositivos de 16 GB.

El “Índice iPad” arroja otros datos sumamente interesantes: el consumidor debe abonar hasta casi un 30% más en la Argentina que cruzando la Cordillera para comprarlo en Chile. Así, en el caso de que se decidiera por la unidad más cara, en la capital del país trasandino se ahorraría unos 285 dólares.

La siguiente infografía muestra a las claras el relevamiento, que ubica al mercado doméstico como el segundo más caro, solamente superado por Brasil:

Comparacion de precios del Ipad

Claro que una vez adquirido el producto en el exterior, hay restricciones aduaneras que impiden ingresarlo libre de impuestos. Y lo que sucede con el iPad también ocurre con una gran variedad de artículos, como notebooks, netbooks, cámaras digitales y celulares, entre otros. 

En efecto: por todo producto que supere los u$s300 se deberá pagar un 50% de recargo por sobre ese valor tope. Y todos los modelos de iPad están muy por encima de ese techo. 
Sin embargo, a pesar de esta limitación, matemáticamente hablando, en algunos segmentos hasta sigue siendo conveniente adquirir el producto en el exterior. 

Por ejemplo, si se optara por una tablet de 64 GB 3G comprada en Miami, al valor del producto se le sumarían $1.165 de “penalización”, lo que terminaría llevando el costo total a unos $4.690.Aún así, estaría bastante por debajo de los $5.499 que cotiza en tierra argentina. 

Diferente es el caso si se trae desde Chile: la versión con mayor capacidad terminaría siendo casi $300 más cara una vez cruzada la Aduana de Ezeiza. Sin embargo, el iPad más básico sí resultaría unos “pesitos” más barato que comprarlo en la Argentina. 

Claro está, que hay que aclarar un punto al que hacen referencia los vendedores argentinos: comprar el producto afuera tiene sus riesgos por el tema de la garantía y el servicio post venta, variables a tener en cuenta a la hora de adquirir un producto de este tipo. 

Sin embargo, el “Indice iPad” no hace más que reflejar las enormes diferencias de precios a las que están sometidos los argentinos.

¿A qué se debe esta brecha? iProfesional.com trazó un extenso relevamiento con el objetivo de obtener una radiografía de cargas impositivas, sobrecostos tangibles y otras variables no tan palpables que terminan elevando el valor final de las tablet.  

En definitiva, se trata de un cóctel de “ingredientes” que termina castigando no sólo al nuevo chiche de Apple, sino que también se hace extensible a LCD, celulares, cámaras digitales y hasta a productos de menor valor agregado, como calzado e indumentaria, perjudicando en definitiva al bolsillo de los consumidores locales. 

Disparen contra las impuestos
“Muchos consumidores podrán pensar que tenemos una rentabilidad altísima por producto vendido y no es tan así. Se especula mucho y se cree que porque acá cuesta un 50% más que en EE.UU. hacemos un enorme negocio”, se quejó el gerente comercial de una de las principales cadenas autorizadas por Apple en la Argentina, entre las que se encuentran Compumundo, Garbarino, MacStation y MacStore. 

“Apple es un producto único, no es un commodity y tiene una política de precios firme. El valor al cual nos llega a nosotros es bastante similar al que abona un consumidor final en EE.UU.”, recalcó. 

En este contexto, el ejecutivo aseguró que “si la Argentina tuviese un arancel de importación más bajo, seguramente podríamos vender una mayor cantidad y sería un negocio mucho más atractivo”. 

Al trazar la “radiografía” del iPad, el directivo explicó que, “estos productos están fabricados en China por motivos más que lógicos pero la distribución se centraliza en EE.UU., desde donde lo importamos”. 

Así, desde que la unidad parte desde su origen, hasta que se superan los trámites en Aduana, “de movida, se encarece más de un 30%”, ya que “además de los aranceles hay un costo logístico importante, porque son bienes sensibles que no se traen en contenedores por barco, sino que se utiliza el servicio de carga aérea”. 

Según explicó Alberto Ortiz, gerente de la Federación de Cámaras de Comercio Exterior de la Argentina (Fecacera) y experto en temas aduaneros, un producto de este tipo “sufre” los siguientes costos en su “viaje” a las góndolas locales:

  • Al costo del producto se le debe sumar el flete, estimado en el caso en particular del iPad en un 4% sobre el valor original. 

  • Sobre esta base imponible se aplica el seguro, del 1 por ciento.

  • A partir de ese valor es que se calcula el arancel de importación, que es del 16 por ciento. 

  • A ello se deben sumar un 2% extra de gastos por honorarios de despachantes de Aduana, desaduanamiento, flete interno y depósito. 

  • Sobre la base costo+flete+seguro+derecho de importación se le aplica un 10,5% de Impuesto al Valor Agregado (IVA). 

  • Y luego se deben realizar al fisco los siguientes pagos: 
    -5% de IVA adicional
    -3% de Impuesto a las Ganancias 
    -1,5% de Ingresos Brutos

Si bien una parte del monto de estos tres últimos tributos que se fijan al importar un iPad no encarece el producto, porque luego funciona como crédito ante la AFIP, sí produce un aumento del costo financiero por haber pagado en forma previa impuestos que, en realidad, deberían enfrentarse una vez vendida la unidad.

En concreto, un artículo que parte del mercado de origen (en este caso EE.UU.) a u$s100, llega al depósito en Buenos Aires a casi u$s150 -incluyendo los pagos a cuenta-. Luego hay que sumar gastos administrativos, costos de manipulación, stockeo, rentabilidad, etc.

Ipad - Impuestos y Aranceles

¿Qué país es el “paraíso” de la tecnología?
Según Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Internacional, la diferencia sustancial que explica por qué apenas cruzando la Cordillera un producto de este tipo resulta más económico, está en el entramado de impuestos propio de la Argentina que, en parte, es una herencia del Mercosur. 

“Estamos dentro del bloque y desde que fue creado se fijó una estructura arancelaria tendiente a proteger, aunque no haya producción local, a todo el sector de bienes de capital, electrodomésticos y productos informáticos”, explicó el experto. 

En la misma línea, Mauricio Claverí, analista de la consultora Abeceb.com, sostuvo que “importar un producto en la Argentina, especialmente si es un bien tecnológico, es mucho más complejo que hacerlo en Chile. Más allá de que hoy el artículo en cuestión no se fabrique internamente, hay una estrategia coordinada con Brasil de defender una rama industrial en la cual Brasil tiene cierto peso, con Manaos a la cabeza, y donde la Argentina tiene un grado de desarrollo incipiente en el sur”. 

Como contrapartida, según Claudio Kramer, gerente de Cadieel, cámara que aglutina a las compañías electrónicas locales, “Chile es un caso aparte, porque tiene un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China, de donde es originario el producto, y otro con Estados Unidos, que desgrava las importaciones”. 

La diferencia, aseguró, es que el país vecino “puede darse el lujo de ser una economía abierta porque tiene un muy bajo nivel de industrialización. No puede proyectar el desarrollo de tecnología como sucede en Brasil y, por lo tanto, prefiere concentrarse básicamente en productos primarios”. 

Esto permite que hoy casi 6 de cada 10 productos que ingresan a Chile tengan una preferencia del 100%, es decir, no pagan impuestos. Y que el arancel promedio a nivel nacional sea de apenas 1%, versus el 16% del Mercosur para este tipo de artículos. 

Argentina, la contracara
El gerente general de uno de los “premium resellers” de Mac en la Argentina, que pidió estricto off the record, aseguró que este tipo de aranceles que se aplican a un producto tecnológico son “proteccionistas” y los consideró un “sinsentido porque son artículos innovadores. iPad es iPad, no es parecido a cualquier otro dispositivo que se pueda llegar a producir localmente”. 

Sin embargo, la realidad es que peor les va a otros bienes tecnológicos importados que se ven alcanzados por el “impuestazo” -régimen tributario tendiente a fomentar los artículos ensamblados en Tierra del Fuego y, en sentido inverso, “castigar” el ingreso de unidades listas para vender-. 

Por eso es que un LCD en el mercado local cuesta tan caro en relación a otros países de la región, dado que en vez de un 16% de aranceles -como sucede con el iPad- debe tributar 4 puntos más, a los que se suman los impuestos internos que llegan a un 28 por ciento. 

De acuerdo a un relevamiento de IFR Monitoring, un LCD de 32 pulgadas que en la Argentina cuesta u$s1.000, en Colombia se vende a menos de u$s500, es decir, una diferencia del 100%. 

Está claro: tanto en la Argentina como en Brasil, que poseen el “privilegio” de tener un polo de industrias tecnológicas propio –en el caso local sería Tierra del Fuego-, los consumidores deben pagar mucho más que sus pares de América latina, ya sea que los bienes se fabriquen o no localmente. 

En el caso de Brasil, donde los iPad se venden un 7% más caros en promedio que en la Argentina, Gustavo Segré, CEO de la consultora internacional Center Group, explicó a este medio desde su oficina en San Pablo que “al comparar con el resto del mundo, los precios son mucho más caros por los aranceles del Mercosur, pero también por la fuerte carga impositiva que existe en el mercado doméstico, que incluso es más alta que en el resto del bloque”. 

¿Tiene sentido esta maraña impositiva cuando un bien, como el iPad, se fabrica únicamente en China y prácticamente no hay chances de que la multinacional piense en algún tipo de ensamble en la región? 

Según Kramer, sí. “Está claro que si yo empiezo a facilitar la importación con el argumento de que no se fabrica localmente, nadie nunca va a asumir el riesgo de producirlo o armarlo aquí. Esto funciona a la inversa, es justamente en el momento en que se cierra un mercado cuando las cosas cambian y aparecen proyectos de inversión”. 

Distinta es la visión del economista Tomás Bulat, quien aseguró que “el negocio para la Argentina es hacer software, y para eso tenemos que disponer de hardware barato. El hardware caro es un negocio para pocos y sin futuro y una estrategia industrial de los setenta. El rédito está en el software y para desarrollarlo necesitamos disponer de los últimos equipos y lo más económicos posibles. Poner artículos importados caros es permitir que se beneficien algunas compañías y el resto de la gente lo pague más”. 

En la misma línea, Diego Pérez Santisteban, presidente de la Cámara de Importadores (CIRA), sostuvo que “la lógica indicaría que lo que no se puede producir localmente tendría que tener un arancel mucho más bajo”. 

Los costos “ocultos”
Más allá de la polémica y continuando hacia abajo en la cadena de costos que afecta a la comercialización del iPad en la Argentina, se ubica un tema no menor: la inflación local. 

Según Economía & Regiones, para el 2010 se espera un incremento anual del índice en torno al 27%, con un aumento de precios promedio del 2% mensual. Lo que dejaría un “efecto arrastre” importante para el año próximo. 

¿Qué genera esto? Según reconocieron a iProfesional.com, en el valor actual está contemplada la suba de costos estimada para 2011, el año fuerte del iPad en la Argentina, ya que no es un producto cuyo precio pueda modificarse continuamente, especialmente en un negocio como el de la tecnología, donde los precios internacionales tienden a bajar. 

En definitiva, se trata de unos “puntitos de más” que funcionan como colchón para ir amortiguando la suba de costos en el mercado doméstico y la eventual reducción de precios de este artículo, cuando deje de ser una novedad. 

Sin ir más lejos, las tarifas logísticas nacionales ya aumentaron más del 20% en los últimos doce meses y los salarios, en dólares, se dispararon otro 19%. 

En este contexto surge un costo extra pero no menor, que es un efecto propio de los mercados con cierto grado de protección, como es la Argentina y que funciona como una especie de “efecto dominó”. 

¿Qué sucede? Al tener productos tecnológicos que, a partir del “impuestazo” a los bienes importados son mucho más castigados con aranceles e impuestos que otros, con diferencias de hasta 20 puntos, la estrategia de algunas compañías es “hacer una suerte de promedio con todo el portfolio y achicar las grandes diferencias que puede haber en las tasas de rentabilidad por artículo”. 

A este cóctel de aranceles, logística e inflación se suma el pago anticipado de impuestos en Aduana, mencionado anteriormente, que si bien no impacta directamente en el precio, sí es contemplado porque le genera un costo implícito extra a los importadores por capital inmovilizado. 

En definitiva, para Ochoa, la coyuntura marcada por la suba de precios y las barreras a la importación “obliga a tener márgenes mucho más altos que el promedio de la región”. 

En otras palabras, en el “índice iPad“, si hay algo que pesa es el “riesgo argentino“. 

Proteger o no proteger, esa es la cuestión
Si bien se mostró en contra de que el régimen de preferencias que recibe Tierra del Fuego no sea extensible a otros polos productivos, Kramer sostuvo que cualquier país que quiera desarrollarse tiene que tener medidas proteccionistas. 

“Todas las economías que hoy luchan por el libre comercio y que se quejan cuando nosotros ponemos una licencia no automática, tuvieron durante cientos de años aranceles por las nubes para proteger su industria. Hoy en día, a Obama no le podés vender una plancha si no está hecha con acero estadounidense”, disparó. 

Sin embargo, Ochoa consideró que es necesario enfocarse en la especialización y no pretender hacer una industria de cada producto que se consuma en el país. 

En el caso de los textiles, por ejemplo, aseguró que “con el argumento de combatir la mano de obra esclava de China, se fijan derechos de importación altísimos para la ropa, que la encarecen en la Argentina, pero paralelamente proliferan cadenas de dudosa transparencia impositiva, como La Salada”. 

“La Argentina no puede ni podrá ser China ni Malasia. Cuando se discuten estos temas se dice que se defienden 500.000 puestos de trabajo, pero lo que sucede es que no hay una estrategia de desarrollo seria. El país definitivamente debe hacer foco en aquellos sectores de alto valor agregado donde sí es competitivo, como la maquinaria agrícola. No tiene sentido dificultarles a millones de consumidores locales el acceso a la indumentaria o ponerle trabas a un producto como el iPad, cuando el objetivo real está en otro lado”, disparó.

Fuente : Infobae Profesional

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fuente : PanchoVilaseca

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Jueguito de Viernes !!! :-)

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